Todos habéis oído aquello de "Al principio Dios creó el cielo y la tierra" y demás, y todas las cosas molonas que hizo después de eso durante seis días de duro trabajo. También habréis oído aquello de "Y el séptimo día, descansó". Vale, hasta ahí todo perfecto. Pero, ¿nunca os habéis preguntado qué pasó después? Es decir, Dios pasa de ser el protagonista absoluto del libro en el capítulo uno a hacer cameos de lujo en prácticamente todo lo que queda. Os voy a contar algo que probablemente no sepáis, después de aquel séptimo día de relax divino, el Todopoderoso le cogió el gusto a eso de descansar y decidió tomarse unas vacaciones. Es cierto que había trabajado seis días y tal, pero ¿alguno de vosotros le ha llevado la contraria a su jefe si dice que se va a tomar unos días? Pues imaginaos al Jefe, con mayúsculas. Si el Mandamás de Todo el Universo dice que se va de vacaciones, tú lo asumes y te planteas cómo te las vas a apañar para que no se vaya todo al garete.
Os estaréis preguntando cómo sé yo todo esto, y es que se me ha olvidado presentarme. Me llamo Larry y soy el Becario de Dios. Sí, como suena. Porque una cosa es que el Altísimo pueda hacerse un poco el remolón con eso de encargarse de dirigir el universo, y otra que lo deje a su suerte. Así que cuando en el Día Cero planificó toda la creación y demás, pensó en alguien a quien dejar a cargo de todo si algún día tenía que irse a un Congreso Interuniversal de Creadores y Ordenadores de la Creación. Y ese fui yo. Un ente cuasi divino, con poderes cercanos a la omnipotencia pero limitado a cumplir los infalibles designios de mi jefe. Vamos, un pringado de proporciones cósmicas.
Ahora que ya sabéis quién soy y cuál es mi colosal tarea, sigo con la historia. Os estaba diciendo que después del Séptimo Día, Dios decidió que se había ganado un descanso más largo y que se iba a tomar unos cuantos días más. Así que me dijo "LARRY, TE TOCA CUIDAR DE LA CREACIÓN. TEN CUIDADO DE NO FASTIDIAR NADA. ¡AH!, Y NO DEJES QUE LUCIFER SE ACERQUE A LOS RECIÉN CREADOS, YA SABES CÓMO ESTÁ ÚLTIMAMENTE". Ya sabéis lo que pasó, ¿verdad? A ver, en mi defensa diré que el Universo es infinitamente grande en el sentido más literal de la frase, así que como para tenerlo totalmente controlado sin ser omnisciente (¿recordáis el "cuasi" de mi descripción?, pues eso) y que Lucifer es un cabroncete que siempre ha demostrado una inteligencia asombrosa cuando se trata de llevarle la contraria a su padre. Sé que es el Diablo y todo eso, pero nunca he podido evitar que me caiga bien, ya lo entenderéis cuando os cuente su historia.
Volviendo al asunto que nos ocupa, la cosa es que allí estaba yo, en mis primeras tareas oficiales como Becario Divino y me despisté un segundo, menos quizás, con un planeta habitado por una especie de medusas voladoras súper molonas y cuando volví a mirar me encontré a aquellos dos infelices tapándose con hojas de higuera, que mira que hay que ser cenutrio para ir a coger el único árbol de todo el Edén con savia urticante para taparte ahí cuando vas desnudo, un montón de corazones de manzana mordisqueados y a Lucifer rodando por el suelo de la risa (reconozco que cuando vi la cara que se les quedó cuando se taparon con las dichosas hojas tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para no reírme yo también). Imaginaos mi situación, mi jefe se va de vacaciones y me deja a cargo de todo y yo el primer día ya he dejado que su hijo pequeño se ponga hasta arriba de estimulantes de dudosa legalidad, castre al perro, queme la casa y se dedique a correr desnudo por el vecindario con una pancarta enorme que pone "TE FASTIDIAS, PAPÁ". Me imagino que mi cara en esos momentos no debía tener nada que envidiarle a la de los dos genios semidesnudos del Jardín.
El caso es que con un marrón de proporciones bíblicas, y nunca mejor dicho, entre manos, yo no sabía qué hacer ni dónde meterme. Así que busqué entre las cosas de Dios por si había algo que pudiera sacarme del embrollo, algo así como un Manual para Becarios Divinos en Caso de Imprevistos Celestiales. Y en esas estaba, cuando oí un carraspeo a mi espalda. Creo que no he pasado tanto miedo en mi vida cuando me volví y me encontré a mi jefe, en chanclas, bermuda y camiseta hawaiana mirándome con expresión inescrutable (y las expresiones inescrutables de Dios son especialmente aterradoras, os lo digo por experiencia. En esas me suelta "LARRY, ¿HA PASADO ALGO CON ADÁN Y EVA EN MI AUSENCIA?" y yo "Pues... Esto, Señor... El caso es que parece que ha habido una cosilla... Una menudencia sin importancia... Algo con Lucifer y unas manzanas, pero yo ya estaba viendo como solventar el asunto". Y entonces me dice "AY, LARRY, LARRY, CUÁNTO TE QUEDA POR APRENDER" y se echa a reír. Sí, sí, cómo os lo cuento. El Tío va y se pone a reírse en mi cara. Creo que hay algo que tenéis que saber de Dios: le encantan los plot-twist y los cameos espectaculares. Si no fuera, bueno, el Hacedor de Todo lo Creado, seguramente sería una fusión extraña entre un guionista de HBO y Alfred Hitchcock.
Resulta que Él, como ser omnisciente que es, ya sabía todo lo que iba a pasar: la intervención de Lucifer, la Caída del Hombre, mi cagada monumental en el primer día de curro... Absolutamente todo, hasta el detalle de las medusas voladoras (por lo visto le pareció gracioso ponerlas allí para distraerme). El caso es que el asunto era una prueba para ver si era de fiar y cómo me manejaba en situaciones de estrés. Todavía recuerdo su expresión satisfecha al decirme "Y LO HAS HECHO BIEN, LARRY, SERÁS UN GRAN BECARIO. VEO QUE PUEDO DEJARLO TODO EN TUS MANOS", a lo que me dieron ganas de contestarle "Bueno, Señor, siendo omnisciente como eres, ¿era imprescindible hacerme pasar por este mal trago? Vamos, que sabías de antemano que iba a superar tu prueba y todo el rollo, así que no había necesidad alguna de hacer que casi me diera un infarto", pero decidí que tampoco hacía falta cabrear a mi jefe cuando acababa de escaparme del despido por los pelos. Aunque ahora que caigo, si es omnisciente, debió de saberlo sólo con pensarlo, o incluso antes... Oh, joder, ahora me explicó muchas de las cosas que me ha mandado hacer... En fin, el caso es que el resto de la historia la conocéis: bronca paternalista, el sudor de vuestra frente, fuera de mi Jardín, segurata con espada de fuego en la puerta, bla, bla, bla... El caso es que yo pasé mi periodo de prueba y Dios se volvió a ir de vacaciones y yo me quedé otra vez a cargo de todo. En cuanto a los daños colaterales de mi error, bueno, no les fue del todo mal, fueron felices e incluso tuvieron familia, pero esa historia prefiero dejarla para otra ocasión. Gracias por haber llegado hasta aquí. Sed felices, multiplicaos y esas cosas que tanto os gusta hacer. Nos vemos en la próxima.