viernes, 29 de septiembre de 2017

Y el octavo día...

Todos habéis oído aquello de "Al principio Dios creó el cielo y la tierra" y demás, y todas las cosas molonas que hizo después de eso durante seis días de duro trabajo. También habréis oído aquello de "Y el séptimo día, descansó". Vale, hasta ahí todo perfecto. Pero, ¿nunca os habéis preguntado qué pasó después? Es decir, Dios pasa de ser el protagonista absoluto del libro en el capítulo uno a hacer cameos de lujo en prácticamente todo lo que queda. Os voy a contar algo que probablemente no sepáis, después de aquel séptimo día de relax divino, el Todopoderoso le cogió el gusto a eso de descansar y decidió tomarse unas vacaciones. Es cierto que había trabajado seis días y tal, pero ¿alguno de vosotros le ha llevado la contraria a su jefe si dice que se va a tomar unos días? Pues imaginaos al Jefe, con mayúsculas. Si el Mandamás de Todo el Universo dice que se va de vacaciones, tú lo asumes y te planteas cómo te las vas a apañar para que no se vaya todo al garete.

Os estaréis preguntando cómo sé yo todo esto, y es que se me ha olvidado presentarme. Me llamo Larry y soy el Becario de Dios. Sí, como suena. Porque una cosa es que el Altísimo pueda hacerse un poco el remolón con eso de encargarse de dirigir el universo, y otra que lo deje a su suerte. Así que cuando en el Día Cero planificó toda la creación y demás, pensó en alguien a quien dejar a cargo de todo si algún día tenía que irse a un Congreso Interuniversal de Creadores y Ordenadores de la Creación. Y ese fui yo. Un ente cuasi divino, con poderes cercanos a la omnipotencia pero limitado a cumplir los infalibles designios de mi jefe. Vamos, un pringado de proporciones cósmicas.

Ahora que ya sabéis quién soy y cuál es mi colosal tarea, sigo con la historia. Os estaba diciendo que después del Séptimo Día, Dios decidió que se había ganado un descanso más largo y que se iba a tomar unos cuantos días más. Así que me dijo "LARRY, TE TOCA CUIDAR DE LA CREACIÓN. TEN CUIDADO DE NO FASTIDIAR NADA. ¡AH!, Y NO DEJES QUE LUCIFER SE ACERQUE A LOS RECIÉN CREADOS, YA SABES CÓMO ESTÁ ÚLTIMAMENTE". Ya sabéis lo que pasó, ¿verdad? A ver, en mi defensa diré que el Universo es infinitamente grande en el sentido más literal de la frase, así que como para tenerlo totalmente controlado sin ser omnisciente (¿recordáis el "cuasi" de mi descripción?, pues eso) y que Lucifer es un cabroncete que siempre ha demostrado una inteligencia asombrosa cuando se trata de llevarle la contraria a su padre. Sé que es el Diablo y todo eso, pero nunca he podido evitar que me caiga bien, ya lo entenderéis cuando os cuente su historia.

Volviendo al asunto que nos ocupa, la cosa es que allí estaba yo, en mis primeras tareas oficiales como Becario Divino y me despisté un segundo, menos quizás, con un planeta habitado por una especie de medusas voladoras súper molonas y cuando volví a mirar me encontré a aquellos dos infelices tapándose con hojas de higuera, que mira que hay que ser cenutrio para ir a coger el único árbol de todo el Edén con savia urticante para taparte ahí cuando vas desnudo, un montón de corazones de manzana mordisqueados y a Lucifer rodando por el suelo de la risa (reconozco que cuando vi la cara que se les quedó cuando se taparon con las dichosas hojas tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para no reírme yo también). Imaginaos mi situación, mi jefe se va de vacaciones y me deja a cargo de todo y yo el primer día ya he dejado que su hijo pequeño se ponga hasta arriba de estimulantes de dudosa legalidad, castre al perro, queme la casa y se dedique a correr desnudo por el vecindario con una pancarta enorme que pone "TE FASTIDIAS, PAPÁ". Me imagino que mi cara en esos momentos no debía tener nada que envidiarle a la de los dos genios semidesnudos del Jardín.

El caso es que con un marrón de proporciones bíblicas, y nunca mejor dicho, entre manos, yo no sabía qué hacer ni dónde meterme. Así que busqué entre las cosas de Dios por si había algo que pudiera sacarme del embrollo, algo así como un Manual para Becarios Divinos en Caso de Imprevistos Celestiales. Y en esas estaba, cuando oí un carraspeo a mi espalda. Creo que no he pasado tanto miedo en mi vida cuando me volví y me encontré a mi jefe, en chanclas, bermuda y camiseta hawaiana mirándome con expresión inescrutable (y las expresiones inescrutables de Dios son especialmente aterradoras, os lo digo por experiencia. En esas me suelta "LARRY, ¿HA PASADO ALGO CON ADÁN Y EVA EN MI AUSENCIA?" y yo "Pues... Esto, Señor... El caso es que parece que ha habido una cosilla... Una menudencia sin importancia... Algo con Lucifer y unas manzanas, pero yo ya estaba viendo como solventar el asunto". Y entonces me dice "AY, LARRY, LARRY, CUÁNTO TE QUEDA POR APRENDER" y se echa a reír. Sí, sí, cómo os lo cuento. El Tío va y se pone a reírse en mi cara. Creo que hay algo que tenéis que saber de Dios: le encantan los plot-twist y los cameos espectaculares. Si no fuera, bueno, el Hacedor de Todo lo Creado, seguramente sería una fusión extraña entre un guionista de HBO y Alfred Hitchcock.

Resulta que Él, como ser omnisciente que es, ya sabía todo lo que iba a pasar: la intervención de Lucifer, la Caída del Hombre, mi cagada monumental en el primer día de curro... Absolutamente todo, hasta el detalle de las medusas voladoras (por lo visto le pareció gracioso ponerlas allí para distraerme). El caso es que el asunto era una prueba para ver si era de fiar y cómo me manejaba en situaciones de estrés. Todavía recuerdo su expresión satisfecha al decirme "Y LO HAS HECHO BIEN, LARRY, SERÁS UN GRAN BECARIO. VEO QUE PUEDO DEJARLO TODO EN TUS MANOS", a lo que me dieron ganas de contestarle "Bueno, Señor, siendo omnisciente como eres, ¿era imprescindible hacerme pasar por este mal trago? Vamos, que sabías de antemano que iba a superar tu prueba y todo el rollo, así que no había necesidad alguna de hacer que casi me diera un infarto", pero decidí que tampoco hacía falta cabrear a mi jefe cuando acababa de escaparme del despido por los pelos. Aunque ahora que caigo, si es omnisciente, debió de saberlo sólo con pensarlo, o incluso antes... Oh, joder, ahora me explicó muchas de las cosas que me ha mandado hacer... En fin, el caso es que el resto de la historia la conocéis: bronca paternalista, el sudor de vuestra frente, fuera de mi Jardín, segurata con espada de fuego en la puerta, bla, bla, bla... El caso es que yo pasé mi periodo de prueba y Dios se volvió a ir de vacaciones y yo me quedé otra vez a cargo de todo. En cuanto a los daños colaterales de mi error, bueno, no les fue del todo mal, fueron felices e incluso tuvieron familia, pero esa historia prefiero dejarla para otra ocasión. Gracias por haber llegado hasta aquí. Sed felices, multiplicaos y esas cosas que tanto os gusta hacer. Nos vemos en la próxima.

martes, 26 de septiembre de 2017

Relato en gris

La luz mortecina de aquella tarde gris de noviembre se colaba a través de la ventana del despacho. Mientras un cigarrillo encendido se consumía en su mano, Michel observaba distraído la ciudad que, a través del cristal, parecía dormitar bajo un cielo encapotado que, más que amenazar, prometía un intenso chaparrón. Siguió con la mirada fija en el paisaje urbano, a la vez familiar y desconocido, mientras cavilaba sobre el motivo que le había llevado a su despacho en aquella tarde desapacible, hasta que notó caer la ceniza sobre su zapato. Aquello le sacó de su ensimismamiento y le hizo mostrar una momentánea mueca de contrariedad cuando, al bajar la mirada, halló una pequeña mancha grisácea sobre el inmaculado cuero negro. Entonces dio una calada al cigarro y echó un último vistazo a la urbe, sobre la que ya empezaban a descargar las primeras gotas del esperado aguacero, y se volvió hacia el interior del despacho.

Antes de decidirse a resolver el desagradable asunto que le tenía ofuscado, dedicó unos instantes a observar el despacho, dejando que le embargara un fugaz sentimiento de satisfacción. Aquella habitación, situada a las afueras, era sin duda uno de sus mayores logros. Había hecho de aquellas cuatro paredes su feudo particular, su dominio privado; una especie de sanctasanctórum dedicado a sí mismo. Cada mueble, cada detalle, hasta cada mota de polvo había sido meticulosamente seleccionada para formar parte de aquel todo. Mientras se dirigía hacia el escritorio, pasó la mano por la pulida librería de caoba, sintiendo el cálido tacto de la madera en su mano e incluso se detuvo un momento para fijar la mirada en uno de los libros que poblaban las estanterías, todos ellos títulos que significaban, o habían significado, algo para él y cada uno encuadernado en la edición más cuidada y exclusiva. Sonrió al notar el roce del cuero en sus dedos mientras pasaba la mano por los lomos forrados en piel, antes de apartarla para mover hacia un lado su sillón y sentarse al escritorio.

Encendió la lámpara que se encontraba sobre el mismo y vio de nuevo, sobre su mesa de despacho, la causa de la inquietud que lo abrumaba desde aquella mañana. Allí estaba, un simple sobre, sin remitente ni destinatario, a excepción de tres palabras, trazadas con mano firme y una caligrafía esbelta y elegante, que le resultaba ligeramente familiar. Michel cogió el sobre y leyó, una vez más, aquellas tres palabras que semejaban no decir nada, pero prometían significarlo todo: “Michel Saint-Germain”. Un leve escalofrío y un aluvión de viejos recuerdos le estremecieron al releer su nombre completo escrito en aquel sobre. Muy poca gente recordaba aún ese nombre, y todavía menos lo habrían escrito en aquella misiva. Dejó de nuevo la carta sobre el escritorio y cogió un cigarro de su pitillera. Fue entonces, mientras exhalaba el humo y jugueteaba distraído con su mechero, cuando, al ver las iniciales grabadas en él, comprendió quién enviaba aquel mensaje. 

Ella. No podía ser otra persona. La mujer que años atrás le había regalado aquel objeto y que había hecho grabar tres letras sobre la piel de plata del pequeño encendedor, insistiendo al joyero para que respetara su caligrafía. M. S. G. Ahora entendía por qué le resultaban tan familiares aquellos trazos y por qué no figuraba ningún remitente en la parte posterior de aquel maldito sobre. Ella había debido suponer que él aún la recordaría, que aún estaría dispuesto a acudir a su llamada.

Michel dejó consumirse el cigarrillo en un cenicero atestado de colillas, mientras se recostaba en su asiento y clavaba la mirada en el techo. Cerró los ojos, tratando de aclarar sus ideas y se perdió en el mar de su memoria. Volvió a encontrarse con viejos conocidos, que creía desaparecidos para siempre; a oír conversaciones, amenazas, susurros y promesas olvidados años atrás; a revivir los momentos más alegres y los más amargos, como si se tratara de la vida de otra persona; y, en el centro de todo, como dando sentido a todo ese caótico maremágnum, volvió a verla a ella. De repente, como si nunca hubiera llegado a irse, recordó a la perfección las facciones de su rostro, el sonido de su voz, el tacto de su piel. Todo seguía allí, como si hubiera estado esperando el momento idóneo para reaparecer y éste al fin hubiera llegado. Pudo evocar todos y cada uno de los momentos que pasaron juntos, hasta el más mínimo detalle. Sus gestos, su mirada y hasta su perfume se volvieron vívidos en su memoria, como si hubiera sido esa misma mañana, y no largos años atrás, cuando se dijeron adiós por última vez.

Cuando volvió a abrir los ojos, la débil luz del crepúsculo abandonaba su despacho para dejar paso a la oscuridad de la noche, que llegaba como una vieja amiga para adueñarse de cada rincón de la sala. Volvió a mirar su escritorio y allí, bajo la lámpara, que se había convertido en la única luz de la habitación, volvió a ver el sobre. En ese momento fue consciente de lo que debía hacer y tomo la determinación de llevarlo a cabo antes de que pudiera arrepentirse. Tomó el cenicero rebosante de colillas y cigarrillos a medio fumar y lo vació. Entonces, cogió el sobre y, sin abrirlo ni interesarse por lo que pudiera contener, sacó de nuevo su mechero y lo encendió, acercándolo a la esquina del papel. Luego sólo tuvo que esperar a que las llamas prendieran lo suficiente, antes dejarlo en el cenicero, para asegurarse de que aquella carta desaparecía para siempre. 

Esperó hasta que el último rescoldo se consumió para apagar la luz del escritorio. Entonces, se dirigió hacia la salida, cogió su abrigo y su sombrero y abrió la puerta para irse. Sólo mientras se calaba el sombrero al cruzar el umbral, un último atisbo de melancolía lo hizo volverse hacia el interior, donde una débil voluta de humo se llevaba para siempre al hombre que una vez había sido. Hizo un leve asentimiento de cabeza, a modo de despedida, para después salir, cerrando la puerta tras de sí.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Hola a todos

He estado un tiempo pensando en qué poner en esta primera entrada. Este es mi segundo intento para abrirme un blog, y en el anterior me centré en escribir reseñas de libros, películas y demás, pero esta vez me he dado cuenta de que para eso hay blogs y webs especializados, que además os dejo en las recomendaciones. Así que esta vez me he decidido a no tener ninguna temática concreta, publicaré algunos relatos, reflexiones personales y puede que alguna opinión sobre lecturas o películas, pero prefiero escribir y ver qué sale que atarme yo sólo desde el principio. Supongo que por eso elegí este título para el blog.

El Templo de las Mil Puertas es un lugar que aparece en La historia interminable. Se supone que se puede acceder a él desde cualquier lugar de Fantasia y que, eligiendo las puertas adecuadas, te permite llegar a cualquier otro lugar. Imagino que por eso tenía tan claro que la imagen del fondo tenía que ser una biblioteca, porque si hay algo parecido al Templo en nuestra realidad es eso sin duda alguna, sólo tenemos que elegir el libro correcto y podremos viajar al lugar que nos plazca.

Es curioso como el libro "correcto" puede variar mucho en función de la edad, las circunstancias o incluso las lecturas previas para una misma persona, aunque todos tenemos un libro, un "lugar", una historia, al que volvemos de forma recurrente. En mi caso, uno de esos libros es, precisamente, La historia interminable. Tengo la suerte de tener una edición increíble que me regalaron hace más de quince años: tapa dura con sobrecubierta, tinta a dos colores, ilustraciones al inicio de cada capítulo, una auténtica joya, y más si eres un enamorado de los libros y un maniático de las ediciones como yo. En este caso concreto, además, la edición es importante ya que debe ajustarse a unos parámetros muy precisos por el propio contenido del libro.

Creo que todo lector puede sentirse identificado más o menos con Bastian, ese niño que no acaba de encajar y al que su amor por los libros lleva a "tomar prestado" uno que le llevará a vivir la aventura de su vida. En mi caso, como en el suyo, La historia interminable fue un amor a primera vista. En mi primera lectura, siendo un niño de 9 años, me emocioné con el mundo increíble que Ende había creado, acompañé a Atreyu en la Gran Búsqueda y luego a Bastian en su periplo por Fantasia. Este libro me abrió la puerta al que se ha convertido en mi género predilecto, quizás por eso le tengo tanto cariño. Y quizás por eso, pese a estar catalogada como una novela para niños, sigo releyendo algunos capítulos cuando tengo un rato suelto y no quiero meterme en una nueva lectura. Mentiría si dijera que me emociono como la primera vez, pero ahora, que han pasado los años y he ido cambiando, disfruto de cosas que antes no era capaz de captar: la genialidad de Ende al meter la historia dentro de la historia, el libro que está en ambos mundos y los conecta, la dualidad entre la Emperatriz Infantil y el Viejo de la Montaña Errante, el tributo mismo a la propia escritura y a los autores... Creo que podría tirarme horas escribiendo sobre lo que La historia interminable significa para mí y lo que me ha aportado durante estos años, pero creo que la fundamental se puede resumir con una frase de la propia novela: «Toda historia es una Historia Interminable. Hay muchas puertas para ir a Fantasia, muchacho. Y hay todavía más libros mágicos. Muchos no se dan cuenta. Todo depende de quién coge uno de esos libros

A modo de despedida, y para terminar esta entrada, sólo me queda daros la bienvenida al blog. Espero que disfrutéis con las entradas y que comentéis todo aquello que os parezca interesante.