miércoles, 15 de noviembre de 2017

Que tu corazón te sirva de guía

Si ayer aprovechaba el lanzamiento de Oathbringer para dedicarle una entrada a Brandon Sanderson, hoy toca celebrar otra efeméride: hace 15 años se lanzaba en Europa el primero de los juegos de la serie Kingdom Hearts. Se trata, junto a God of War, de mi saga favorita. Su historia, su combinación de Final Fantasy y el universo Disney, su mecánica, su ambientación... me encantaron desde el primer momento en el que jugué, en la PlayStation 2 de un primo mío en la Navidad de 2002. La primera vez que vi a Sora con la llave espada flipé, no podía creerme lo que estaba jugando, era una combinación genial: la magia de Disney, la acción de Final Fantasy, la inventiva japonesa, la nostalgia al volver a mundos que conocía desde siempre por las películas... Me pasé esa Navidad jugando (y también viendo como jugaban, porque era su consola, a fin de cuentas) a aquel juego, hasta llegar al final, que me pareció increíble y ya me había enamorado de la saga que estaba por llegar. Poco después llegaría Chain of Memories para Game Boy Advance, juego que me perdí ya que mi última consola portátil fue precisamente su antecesora, la increíble Game Boy Color, pero en 2006 apareció la esperada secuela para PS2: Kingdom Hearts II, que además llegaba con el valor añadido de un increíble doblaje al español. En este caso, nuevamente me tocó jugarlo de prestado en casa de un amigo, que me dejó mi propia ranura de guardado en la que pude seguir la historia relativamente bien. Sin embargo, por suerte para mí, poco después me regalaron, por fin, mi anhelada PS2 y lo primero que hice fue tomar prestado el Kingdom Hearts de mi primo y poder disfrutrarlo tranquilamente y a mi ritmo. Si la primera vez me pareció increíble, al jugarlo por completo y siendo más mayor en esta segunda, aluciné aún más si cabe: un sistema de juego sencillo (lo cual se agradece enormemente si eres un completo manco para los juegos, como es mi caso), que combinaba los ataques físicos, magia e invocaciones típicos de Final Fantasy sin el (para mí) odioso y desesperante sistema de turnos. A esto hay que añadirle que pude disfrutar de verdad la historia y sumergirme de lleno en ella: me econtré con secundarios de lujo como Cloud, Sephirot o Squall, con los fantásticos villanos de Disney más carismáticos que nunca, con unos protagonistas geniales y un trasfondo y una intrahistoria digna de elogio. Poco después me agencié el Kingdom Hearts II, y pese a tener algunas lagunas por no haber jugado a Chain of Memories, lo disfruté como un enano. La historia, los nuevos villanos, los avances en la jugabilidad y los nuevos escenarios, sin perder ni un ápice de la magia del primero y pudiendo disfrutarlo en castellano, me hicieron aún más fanático si cabe. Incluso conseguí una de las guías de estrategia oficiales y acabé pasándomelo al 100% y disfrutando del final secreto que anunciaba un nuevo juego.

Ese juego, que llegaría un tiempo después fue otro de los que me perdí, por lanzarse de nuevo para una consola portátil. Se trataba de Birth by Sleep y se lanzó en PSP en 2010. Después de aquello llegó Dream drop Distance, que se lanzó para Nintendo 3DS y que en su edición original ni siquiera llegó con subtítulos en castellano, lo que indignó a la comunidad fan española. No obstante, no todo iban a a ser malas noticias para nostros y al año siguiente Square Enix lanzó para PlayStation 3 un recopilatorio remasterizado en HD del primer juego en versión extendida junto a Chain of Memories, que se presentaba reprogramado en 3D para una versión original para PS2 que nunca llegó a Europa, además de las cinemáticas de 358/2 Days, que se lanzó originalmente para Nintendo DS en 2009. Esto me permitió, además de disfrutar de uno de mis juegos favoritos con gráficos mejorados, rellenar las lagunas argumentales que me quedaban de Chain of Memories y disfrutarlo como juego, aunque su sistema de juego no terminara de convencerme. Al año siguiente se lanzó el segundo recopilatorio, que contenía la versión extendida del segundo juego de PS2 así como Birth by Sleep y además las cinemáticas de Re:Coded. En este caso tuvimos la mala suerte de que perdimos el doblaje en español, pero ganamos algunas escenas nuevas, así como el juego de PSP remasterizado y la película de Coded. En este caso, aunque el sistema de Birth by Sleep es algo más confuso que el de los juegos originales, se parecía lo suficiente como para no suponerme un problema y disfrutar de la historia, que en este caso era previa a los primeros acontecimientos del primer juego de la saga, pero cuya relevancia en la misma es increíble. En él conocemos al auténtico villano de la saga, que ha desencadenado todos los problemas y conflictos que se han ido desarrollando en los distintos juegos, así como a tres personajes cuya historia es tan triste como épica y que serán fundamentales en el desenlace de la saga. Entre el lanzamiento de ambos juegos Square Enix lanzó la noticia que, por fin, se estaba trabajando en el desarrollo del tercer juego de la línea principal y que Kingdom Hearts III se estaba desarrollando para PlayStation 4 y XBOX One. Esto hizo que, si ya me había planteado comprarme la PS4, la idea cobrara más fuerza y se realizó cuando a mediados de 2015 se anunció un tercer y último recopilatorio, que esta vez se lanzaría para esta consola y que incluiría Dream Drop Distance, remasterizado en HD y subtitulado en castellano, las escenas de la historia de Unchained, que se lanzó para móviles, y Birth by Sleep 0.2, lo que iba a ser el prólogo de Kingdom Hearts III, pero que se movió aquí por no alargarlo demasiado, y que se sitúa entre Birth by Sleep y el juego original. Ni que decir tiene que cuando salió me lo compré y pude enterarme, al fin, de la historia de Dream Drop Distance, que si es algo confusa jugándolo, es totalmente incomprensible si tratas de enterarte por las wikis. Además, pude disfrutar de Birth by Sleep 0.2, que mostraba el sistema de juego y el motor gráfico del futuro Kingdom Hearts III y que calmó mis temores a perder el ambiente de dibujos que había caracterizado a la saga en pro de un realismo excesivo. Finalmente, en julio de este año, Square y Disney daban la noticia que todos los fans esperábamos: Kingdom Hearts III se lanzará en 2018, con lo que tras 16 años de espera, ocho juegos y siete consolas de tres generaciones distintas, por fin podremos disfrutar del final de la historia de Sora.


Para terminar, y tras estos dos tochos enormes, sólo me queda recomendar ferviente toda la saga de juegos, que además si tenéis una PS4 podéis jugar cómodamente en HD en una sola consola. Si os gustan la fantasía, los juegos de rol para todos los públicos, el universo Final Fantasy y, sobre todo, las grandes historias, ni lo dudéis, Kingdom Hearts es vuestra saga. Así que animaos y disfrutadlos.

martes, 14 de noviembre de 2017

A propósito de Brandon Sanderson

Como dije en la primera entrada, mi idea con este blog no era escribir reseñas ni nada parecido. Sin embargo, hoy se publica en inglés Oathbringer la nueva novela de Brandon Sanderson y aprovechando esto, y como es uno de mis autores favoritos y hace un mes que no publicaba nada, he decidido dedicarle una entrada. Mi intención no es tanto hacer una "reseña" como tal, sino contar qué es lo que más me gusta de sus libros y por qué lo recomiendo a todo el mundo. No obstante, como ya he dicho Sanderson es uno de mis autores de fantasía preferidos, así que no creo que pueda ser del todo objetivo, aunque lo intentaré.

Voy a empezar hablando de lo que creo que son sus principales contras como escritor, para que aquellos que consideréis que son un problema insalvable no tengáis que seguir leyendo hasta el final. Probablemente la principal pega de Brandon Sanderson como escritor son sus personajes, especialmente en sus primeras novelas: son bastante arquetípicos y en muchos casos peca de convertir a sus protagonistas en Mary/Gary Sue que a veces resultan poco creíbles; no obstante, cuando se lee su obra en conjunto se puede apreciar una evolución importante en esto y en sus últimos libros los personajes han ido mejorando para alejarse de los clichés y volverse cada vez más realistas y complejos. En segundo lugar está su estilo; aunque Sanderson es un grandísimo narrador y un magnífico contador de historias, y aunque sus ideas son increíblemente originales (ya entraré en detalle cuando hable de sus pros), no termina de despegarse del ideal épico tolkieniano: en muchas de sus obras hay unos buenos frente a unos malos que marcan el desarrollo de la trama, aunque es cierto que ni sus buenos son los prístinos salvadores del mundo ni sus malos son los oscuros enemigos de toda la existencia, sí peca un poco de crear bandos enfrentados, aunque podamos conocer y entender las motivaciones de ambos, frente a la tendencia a la ambigüedad de otros autores del género como George R. R. Martin. Además, otro de los factores que mayores críticas suele suscitar del estilo de Sanderson es su "limpieza" a falta de una palabra mejor: no hay escenas especialmente crudas, ni violencia "de alto nivel" o sexualidad explícita, están ahí pero soslyadas, en un segundo plano, más implícitas que otra cosa. Esto se debe a su ideología religiosa, ya que Sanderson es mormón practicante y por ello evita ciertos temas, aunque, siendo sinceros a mí esa falta de violencia y gore que impera ahora en el grimdark con autores como Joe Abercrombie no me termina de convencer y nunca he visto esa "limpieza" de Sanderson como una pega. Por último, en lo relativo al estilo hay que mencionar que aunque, como ya he dicho, se trata de un contador de historias de primer nivel, su prosa no es preciosista o detallista como las de Patrick Rothfuss o Tolkien, respectivamente; se trata de una narración accesible y escrita de manera que te sumerjas en la historia y quieras seguir leyendo, pero si buscas prosa poética o un estilo hiperdepurado no lo encontrarás en sus obras. Por último, el tercer gran contra de Sanderson, y donde suele recibir la otra gran parte de las críticas es el ritmo de la narración. De nuevo se trata de un error más patente en sus primeras obras y que se ha ido corrigiendo en las siguientes, aunque aún es bastante observable: Sanderson peca de dosificar mucho la acción y la información en las primeras partes de la narración y luego llegar a un final, en ocasiones demasiado acelerado, dónde se suceden las revelaciones y las grandes escenas.

Si habéis leído hasta aquí, pensaréis «Bueno, y a pesar de todo eso, ¿dices que es uno de tus autores favoritos?». La respuesta es sí y ahora os aclararé por qué. Pese a que Sanderson no es el mejor constructor de personajes, ni su uso del lenguaje es el más elevado y a veces le fallan los tiempos, sí que es uno de los mejores narradores de la fantasía actual: sus historias enganchan, quieres saber que va a pasar después, pasas de un capítulo a otro casi sin darte cuenta y cuando lo haces vas por la mitad del libro. Además, aunque no sea el mejor en muchos aspectos sí que lo es en uno: es el escritor más imaginativo del panorama actual y además tiene un don para crear sistemas mágicos. Sus historias pueden basarse en los esquemas típicos, pero lo que construye sobre ellos es algo novedoso e increíble, con el añadido de que un elemento tan fundamental como es la magia en la literatura fantástica, en su caso es de una calidad excepcional, básicamente por dos motivos: uno es la originalidad, resulta increíble cómo ha creado una serie de sistemas totalmente novedosos que hacen que te preguntes «Dios, qué pedazo de idea y encima partiendo de algo tan sencillo, ¿cómo demonios habrá podido crear algo así?» y por otro lado es la forma de crearla y plantearla, mostrando desde el principio las reglas que hacen que cualquiera pueda comprender qué se puede o no hacer y evitar el típico tópico de la fantasía de Lo hizo un mago cuando algo no cuadra (Recomiendo leer los artículos sobre Las leyes de la magia de Brandon Sanderson en Fantífica). A esto hay que añadir lo que para mí es otro enorme punto fuerte a su favor y es que una buena parte de sus novelas están interconectadas entre sí en un macrouniverso fantástico denominado Cosmere. Esta interconexión, que siempre ha estado presente en la idea general de Sanderson, ha sido muy sutil, especialmente en las primeras novelas, pero se ha ido haciendo más patente a medida que han ido apareciendo más libros y que los fans se han mostrado más entusiastas al respecto. Sin embargo, a pesar de esto, se puede disfrutar de las distintas sagas y novelas independientes sin necesidad de conocer el trasfondo que las une ni buscar los detalles que conectan unas con otras, aunque es mucho más interesante ir descubriendo el Cosmere y buscar los distintos detalles que hay al respecto en las distintas novelas. El caso es que ser capaz de crear un universo propio, interconectado, coherente y hacer que tanto aquellos que quieren sumergirse de lleno en él como los que solo buscan disfrutar de una buena historia estén contentos al respecto es algo que me parece complicadísimo de hacer y que Sanderson no sólo ha logrado, sino que visto desde fuera parece hasta fácil.

Por último, me queda hablar de otro enorme pro de Sanderson y es hablar de su trabajo como escritor como tal, no de lo que escribe o de su estilo, si no de su forma de trabajar y de tratar a sus fans. Si en algunos aspectos Brandon Sanderson puede estar abierto a opiniones diversas y a cualquier debate, su profesionalidad y su trato con el fandom están fuera de cualquier discusión. Para él escribir es un trabajo, al que estoy seguro que dedica muchísimas horas, tomándoselo en serio y planificando lo que va a escribir y cómo va a hacerlo; evidentemente, como cualquier creador artístico necesitará inspiración, pero si hay alguien a quien las musas van a pillar trabajando es a él, porque si se pone a escribir una novela, se pone y si necesita relajarse, escribe ficción corta ("corta" que quiere decir que empieza con una idea de llegar a 10000 palabras y acaba en 40000) y luego vuelve a lo suyo. Eso, estando tan escaldados como estamos con otros autores y sagas interminables, con este hombre supone una tranquilidad, sabes que vas a tener los libros y que la calidad literaria, como poco se va a mantener, cuando no a incrementar por la experiencia acumulativa del autor. La otra parte de su faceta como escritor, a parte de su intachable responsabilidad, es la relación con sus fans: no sólo informa en su web de lo que está escribiendo ni del progreso, sino que cada diciembre desde hace varios años anuncia sus planes: lo que está por venir, lo que se plantea más en futuro próximo o a largo plazo y demás, sino que, por lo que comentan quienes han tenido la suerte de tratar con él cara a cara, en persona es un encanto con los fans y como ejemplo contaré la anécdota de la firma en la librería Gigamesh en la Eurocon de Barcelona, donde estuvo firmando ejemplares hasta las once de la noche, alegando que nadie se iba a ir sin su libro firmado y con un trato genial con los fans.

Por todo esto, y a pesar del enorme párrafo de contras, creo que queda claro por qué soy un fan convencido de Sanderson, aunque me vaya a suponer un problema de estanterías, y por qué lo recomiendo de manera insistente (a veces demasiado) a todos mis amigos. Espero que después de leer esto os animéis a coger alguno de sus libros y a adentraros en sus historias, seguro que no os defraudará. Para terminar os dejo una web sobre Sanderson en castellano que han abierto varios fans, se llama Cosmere y en ella encontraréis mucha más información por si estáis interesados o tenéis dudas sobre por donde empezar o cualquier otra cosa y además hay un foro donde podréis comentar los libros y conocer a más fans.

jueves, 5 de octubre de 2017

Sólo palabras...

Hoy hablando con un amigo le he dado las gracias y me ha respondido que no hacía falta que “eran solo palabras”. El caso es que la frase me ha dado que pensar y me he dado cuenta de que las palabras son mucho más que simples palabras, por paradójico que parezca. Las palabras son una parte esencial de lo que somos, nos definen, siendo la base de nuestra identidad desde el mismo momento en el que nacemos, con algo tan sencillo como nuestro nombre. Las palabras nos atan y nos limitan, condicionan lo que podemos expresar, lo que somos e incluso lo que sentimos, o, al menos, lo que somos capaces de transmitir a otros que estamos sintiendo.

El poder de las palabras es tal, que el abismo que media entre un “te odio” y un “te quiero” o entre un “sí” y un “no”, que no es más que una simple palabra, es tal que puede hacer que toda nuestra vida dé un giro de 180º. Todos sabemos de lo que es capaz un “aquí estoy” cuando necesitamos una mano amiga; la diferencia entre expresar un “necesito ayuda” o no ser capaz de hacerlo. De hecho, su poder es tal que incluso cuando no están, cuando lo que tenemos es esa ausencia total de ellas que llamamos silencio, podemos ver mundos abrirse ante nosotros o derrumbarse bajo nuestros pies.

Las palabras hieren, curan, alegran, reparan, rompen, crean, ayudan, entristecen, enamoran… Nos permiten viajar a mil mundos o encontrar caminos hacia nosotros mismos; viniendo de la persona adecuada pueden convertirnos en héroes capaces de afrontar cualquier gesta o en monstruos responsables de horrores que ni entendemos. Nos ayudan a entender quienes somos, hemos sido o podríamos ser; nos abren todas las puertas, desde las que guardan las cosas más triviales hasta las que ocultan los secretos más ignotos del universo. Son un arma y un escudo, un bálsamo y un veneno, tienen más posibilidades de las que somos capaces de imaginar y al tiempo están limitadas al uso que somos capaces de darles. Son, en definitiva, el instrumento más increíble y versátil que hemos sido capaces de crear.

Las hemos usado durante milenios con usos casi ilimitados: para confortar a un amigo, para declarar nuestro amor, para recordar lo que ha sucedido o para empezar a crear lo que sucederá. Pero también hemos sido capaces de emplearlas para dividirnos entre nosotros, para crear muros o para encerrar a quienes nos estorban.


En definitiva, si algo está claro de las palabras es que difícilmente son “solo palabras”, la misma intención con que las usamos, el sentido que queremos darles o a quién las dirigimos las convierten en algo más que un conjunto de letras. Desde el mismo momento en el que salen de nuestra boca o nuestras manos, se convierten en una extensión de nosotros mismos, intangible, con la que mostramos nuestra propia humanidad y todo lo que esta conlleva, permitiéndonos llegar donde el resto de nosotros no es capaz, escapando de los límites de lo meramente físico y demostrándonos, a nosotros y a los demás, que, verdaderamente, una simple palabra puede cambiarlo todo. 

viernes, 29 de septiembre de 2017

Y el octavo día...

Todos habéis oído aquello de "Al principio Dios creó el cielo y la tierra" y demás, y todas las cosas molonas que hizo después de eso durante seis días de duro trabajo. También habréis oído aquello de "Y el séptimo día, descansó". Vale, hasta ahí todo perfecto. Pero, ¿nunca os habéis preguntado qué pasó después? Es decir, Dios pasa de ser el protagonista absoluto del libro en el capítulo uno a hacer cameos de lujo en prácticamente todo lo que queda. Os voy a contar algo que probablemente no sepáis, después de aquel séptimo día de relax divino, el Todopoderoso le cogió el gusto a eso de descansar y decidió tomarse unas vacaciones. Es cierto que había trabajado seis días y tal, pero ¿alguno de vosotros le ha llevado la contraria a su jefe si dice que se va a tomar unos días? Pues imaginaos al Jefe, con mayúsculas. Si el Mandamás de Todo el Universo dice que se va de vacaciones, tú lo asumes y te planteas cómo te las vas a apañar para que no se vaya todo al garete.

Os estaréis preguntando cómo sé yo todo esto, y es que se me ha olvidado presentarme. Me llamo Larry y soy el Becario de Dios. Sí, como suena. Porque una cosa es que el Altísimo pueda hacerse un poco el remolón con eso de encargarse de dirigir el universo, y otra que lo deje a su suerte. Así que cuando en el Día Cero planificó toda la creación y demás, pensó en alguien a quien dejar a cargo de todo si algún día tenía que irse a un Congreso Interuniversal de Creadores y Ordenadores de la Creación. Y ese fui yo. Un ente cuasi divino, con poderes cercanos a la omnipotencia pero limitado a cumplir los infalibles designios de mi jefe. Vamos, un pringado de proporciones cósmicas.

Ahora que ya sabéis quién soy y cuál es mi colosal tarea, sigo con la historia. Os estaba diciendo que después del Séptimo Día, Dios decidió que se había ganado un descanso más largo y que se iba a tomar unos cuantos días más. Así que me dijo "LARRY, TE TOCA CUIDAR DE LA CREACIÓN. TEN CUIDADO DE NO FASTIDIAR NADA. ¡AH!, Y NO DEJES QUE LUCIFER SE ACERQUE A LOS RECIÉN CREADOS, YA SABES CÓMO ESTÁ ÚLTIMAMENTE". Ya sabéis lo que pasó, ¿verdad? A ver, en mi defensa diré que el Universo es infinitamente grande en el sentido más literal de la frase, así que como para tenerlo totalmente controlado sin ser omnisciente (¿recordáis el "cuasi" de mi descripción?, pues eso) y que Lucifer es un cabroncete que siempre ha demostrado una inteligencia asombrosa cuando se trata de llevarle la contraria a su padre. Sé que es el Diablo y todo eso, pero nunca he podido evitar que me caiga bien, ya lo entenderéis cuando os cuente su historia.

Volviendo al asunto que nos ocupa, la cosa es que allí estaba yo, en mis primeras tareas oficiales como Becario Divino y me despisté un segundo, menos quizás, con un planeta habitado por una especie de medusas voladoras súper molonas y cuando volví a mirar me encontré a aquellos dos infelices tapándose con hojas de higuera, que mira que hay que ser cenutrio para ir a coger el único árbol de todo el Edén con savia urticante para taparte ahí cuando vas desnudo, un montón de corazones de manzana mordisqueados y a Lucifer rodando por el suelo de la risa (reconozco que cuando vi la cara que se les quedó cuando se taparon con las dichosas hojas tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para no reírme yo también). Imaginaos mi situación, mi jefe se va de vacaciones y me deja a cargo de todo y yo el primer día ya he dejado que su hijo pequeño se ponga hasta arriba de estimulantes de dudosa legalidad, castre al perro, queme la casa y se dedique a correr desnudo por el vecindario con una pancarta enorme que pone "TE FASTIDIAS, PAPÁ". Me imagino que mi cara en esos momentos no debía tener nada que envidiarle a la de los dos genios semidesnudos del Jardín.

El caso es que con un marrón de proporciones bíblicas, y nunca mejor dicho, entre manos, yo no sabía qué hacer ni dónde meterme. Así que busqué entre las cosas de Dios por si había algo que pudiera sacarme del embrollo, algo así como un Manual para Becarios Divinos en Caso de Imprevistos Celestiales. Y en esas estaba, cuando oí un carraspeo a mi espalda. Creo que no he pasado tanto miedo en mi vida cuando me volví y me encontré a mi jefe, en chanclas, bermuda y camiseta hawaiana mirándome con expresión inescrutable (y las expresiones inescrutables de Dios son especialmente aterradoras, os lo digo por experiencia. En esas me suelta "LARRY, ¿HA PASADO ALGO CON ADÁN Y EVA EN MI AUSENCIA?" y yo "Pues... Esto, Señor... El caso es que parece que ha habido una cosilla... Una menudencia sin importancia... Algo con Lucifer y unas manzanas, pero yo ya estaba viendo como solventar el asunto". Y entonces me dice "AY, LARRY, LARRY, CUÁNTO TE QUEDA POR APRENDER" y se echa a reír. Sí, sí, cómo os lo cuento. El Tío va y se pone a reírse en mi cara. Creo que hay algo que tenéis que saber de Dios: le encantan los plot-twist y los cameos espectaculares. Si no fuera, bueno, el Hacedor de Todo lo Creado, seguramente sería una fusión extraña entre un guionista de HBO y Alfred Hitchcock.

Resulta que Él, como ser omnisciente que es, ya sabía todo lo que iba a pasar: la intervención de Lucifer, la Caída del Hombre, mi cagada monumental en el primer día de curro... Absolutamente todo, hasta el detalle de las medusas voladoras (por lo visto le pareció gracioso ponerlas allí para distraerme). El caso es que el asunto era una prueba para ver si era de fiar y cómo me manejaba en situaciones de estrés. Todavía recuerdo su expresión satisfecha al decirme "Y LO HAS HECHO BIEN, LARRY, SERÁS UN GRAN BECARIO. VEO QUE PUEDO DEJARLO TODO EN TUS MANOS", a lo que me dieron ganas de contestarle "Bueno, Señor, siendo omnisciente como eres, ¿era imprescindible hacerme pasar por este mal trago? Vamos, que sabías de antemano que iba a superar tu prueba y todo el rollo, así que no había necesidad alguna de hacer que casi me diera un infarto", pero decidí que tampoco hacía falta cabrear a mi jefe cuando acababa de escaparme del despido por los pelos. Aunque ahora que caigo, si es omnisciente, debió de saberlo sólo con pensarlo, o incluso antes... Oh, joder, ahora me explicó muchas de las cosas que me ha mandado hacer... En fin, el caso es que el resto de la historia la conocéis: bronca paternalista, el sudor de vuestra frente, fuera de mi Jardín, segurata con espada de fuego en la puerta, bla, bla, bla... El caso es que yo pasé mi periodo de prueba y Dios se volvió a ir de vacaciones y yo me quedé otra vez a cargo de todo. En cuanto a los daños colaterales de mi error, bueno, no les fue del todo mal, fueron felices e incluso tuvieron familia, pero esa historia prefiero dejarla para otra ocasión. Gracias por haber llegado hasta aquí. Sed felices, multiplicaos y esas cosas que tanto os gusta hacer. Nos vemos en la próxima.

martes, 26 de septiembre de 2017

Relato en gris

La luz mortecina de aquella tarde gris de noviembre se colaba a través de la ventana del despacho. Mientras un cigarrillo encendido se consumía en su mano, Michel observaba distraído la ciudad que, a través del cristal, parecía dormitar bajo un cielo encapotado que, más que amenazar, prometía un intenso chaparrón. Siguió con la mirada fija en el paisaje urbano, a la vez familiar y desconocido, mientras cavilaba sobre el motivo que le había llevado a su despacho en aquella tarde desapacible, hasta que notó caer la ceniza sobre su zapato. Aquello le sacó de su ensimismamiento y le hizo mostrar una momentánea mueca de contrariedad cuando, al bajar la mirada, halló una pequeña mancha grisácea sobre el inmaculado cuero negro. Entonces dio una calada al cigarro y echó un último vistazo a la urbe, sobre la que ya empezaban a descargar las primeras gotas del esperado aguacero, y se volvió hacia el interior del despacho.

Antes de decidirse a resolver el desagradable asunto que le tenía ofuscado, dedicó unos instantes a observar el despacho, dejando que le embargara un fugaz sentimiento de satisfacción. Aquella habitación, situada a las afueras, era sin duda uno de sus mayores logros. Había hecho de aquellas cuatro paredes su feudo particular, su dominio privado; una especie de sanctasanctórum dedicado a sí mismo. Cada mueble, cada detalle, hasta cada mota de polvo había sido meticulosamente seleccionada para formar parte de aquel todo. Mientras se dirigía hacia el escritorio, pasó la mano por la pulida librería de caoba, sintiendo el cálido tacto de la madera en su mano e incluso se detuvo un momento para fijar la mirada en uno de los libros que poblaban las estanterías, todos ellos títulos que significaban, o habían significado, algo para él y cada uno encuadernado en la edición más cuidada y exclusiva. Sonrió al notar el roce del cuero en sus dedos mientras pasaba la mano por los lomos forrados en piel, antes de apartarla para mover hacia un lado su sillón y sentarse al escritorio.

Encendió la lámpara que se encontraba sobre el mismo y vio de nuevo, sobre su mesa de despacho, la causa de la inquietud que lo abrumaba desde aquella mañana. Allí estaba, un simple sobre, sin remitente ni destinatario, a excepción de tres palabras, trazadas con mano firme y una caligrafía esbelta y elegante, que le resultaba ligeramente familiar. Michel cogió el sobre y leyó, una vez más, aquellas tres palabras que semejaban no decir nada, pero prometían significarlo todo: “Michel Saint-Germain”. Un leve escalofrío y un aluvión de viejos recuerdos le estremecieron al releer su nombre completo escrito en aquel sobre. Muy poca gente recordaba aún ese nombre, y todavía menos lo habrían escrito en aquella misiva. Dejó de nuevo la carta sobre el escritorio y cogió un cigarro de su pitillera. Fue entonces, mientras exhalaba el humo y jugueteaba distraído con su mechero, cuando, al ver las iniciales grabadas en él, comprendió quién enviaba aquel mensaje. 

Ella. No podía ser otra persona. La mujer que años atrás le había regalado aquel objeto y que había hecho grabar tres letras sobre la piel de plata del pequeño encendedor, insistiendo al joyero para que respetara su caligrafía. M. S. G. Ahora entendía por qué le resultaban tan familiares aquellos trazos y por qué no figuraba ningún remitente en la parte posterior de aquel maldito sobre. Ella había debido suponer que él aún la recordaría, que aún estaría dispuesto a acudir a su llamada.

Michel dejó consumirse el cigarrillo en un cenicero atestado de colillas, mientras se recostaba en su asiento y clavaba la mirada en el techo. Cerró los ojos, tratando de aclarar sus ideas y se perdió en el mar de su memoria. Volvió a encontrarse con viejos conocidos, que creía desaparecidos para siempre; a oír conversaciones, amenazas, susurros y promesas olvidados años atrás; a revivir los momentos más alegres y los más amargos, como si se tratara de la vida de otra persona; y, en el centro de todo, como dando sentido a todo ese caótico maremágnum, volvió a verla a ella. De repente, como si nunca hubiera llegado a irse, recordó a la perfección las facciones de su rostro, el sonido de su voz, el tacto de su piel. Todo seguía allí, como si hubiera estado esperando el momento idóneo para reaparecer y éste al fin hubiera llegado. Pudo evocar todos y cada uno de los momentos que pasaron juntos, hasta el más mínimo detalle. Sus gestos, su mirada y hasta su perfume se volvieron vívidos en su memoria, como si hubiera sido esa misma mañana, y no largos años atrás, cuando se dijeron adiós por última vez.

Cuando volvió a abrir los ojos, la débil luz del crepúsculo abandonaba su despacho para dejar paso a la oscuridad de la noche, que llegaba como una vieja amiga para adueñarse de cada rincón de la sala. Volvió a mirar su escritorio y allí, bajo la lámpara, que se había convertido en la única luz de la habitación, volvió a ver el sobre. En ese momento fue consciente de lo que debía hacer y tomo la determinación de llevarlo a cabo antes de que pudiera arrepentirse. Tomó el cenicero rebosante de colillas y cigarrillos a medio fumar y lo vació. Entonces, cogió el sobre y, sin abrirlo ni interesarse por lo que pudiera contener, sacó de nuevo su mechero y lo encendió, acercándolo a la esquina del papel. Luego sólo tuvo que esperar a que las llamas prendieran lo suficiente, antes dejarlo en el cenicero, para asegurarse de que aquella carta desaparecía para siempre. 

Esperó hasta que el último rescoldo se consumió para apagar la luz del escritorio. Entonces, se dirigió hacia la salida, cogió su abrigo y su sombrero y abrió la puerta para irse. Sólo mientras se calaba el sombrero al cruzar el umbral, un último atisbo de melancolía lo hizo volverse hacia el interior, donde una débil voluta de humo se llevaba para siempre al hombre que una vez había sido. Hizo un leve asentimiento de cabeza, a modo de despedida, para después salir, cerrando la puerta tras de sí.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Hola a todos

He estado un tiempo pensando en qué poner en esta primera entrada. Este es mi segundo intento para abrirme un blog, y en el anterior me centré en escribir reseñas de libros, películas y demás, pero esta vez me he dado cuenta de que para eso hay blogs y webs especializados, que además os dejo en las recomendaciones. Así que esta vez me he decidido a no tener ninguna temática concreta, publicaré algunos relatos, reflexiones personales y puede que alguna opinión sobre lecturas o películas, pero prefiero escribir y ver qué sale que atarme yo sólo desde el principio. Supongo que por eso elegí este título para el blog.

El Templo de las Mil Puertas es un lugar que aparece en La historia interminable. Se supone que se puede acceder a él desde cualquier lugar de Fantasia y que, eligiendo las puertas adecuadas, te permite llegar a cualquier otro lugar. Imagino que por eso tenía tan claro que la imagen del fondo tenía que ser una biblioteca, porque si hay algo parecido al Templo en nuestra realidad es eso sin duda alguna, sólo tenemos que elegir el libro correcto y podremos viajar al lugar que nos plazca.

Es curioso como el libro "correcto" puede variar mucho en función de la edad, las circunstancias o incluso las lecturas previas para una misma persona, aunque todos tenemos un libro, un "lugar", una historia, al que volvemos de forma recurrente. En mi caso, uno de esos libros es, precisamente, La historia interminable. Tengo la suerte de tener una edición increíble que me regalaron hace más de quince años: tapa dura con sobrecubierta, tinta a dos colores, ilustraciones al inicio de cada capítulo, una auténtica joya, y más si eres un enamorado de los libros y un maniático de las ediciones como yo. En este caso concreto, además, la edición es importante ya que debe ajustarse a unos parámetros muy precisos por el propio contenido del libro.

Creo que todo lector puede sentirse identificado más o menos con Bastian, ese niño que no acaba de encajar y al que su amor por los libros lleva a "tomar prestado" uno que le llevará a vivir la aventura de su vida. En mi caso, como en el suyo, La historia interminable fue un amor a primera vista. En mi primera lectura, siendo un niño de 9 años, me emocioné con el mundo increíble que Ende había creado, acompañé a Atreyu en la Gran Búsqueda y luego a Bastian en su periplo por Fantasia. Este libro me abrió la puerta al que se ha convertido en mi género predilecto, quizás por eso le tengo tanto cariño. Y quizás por eso, pese a estar catalogada como una novela para niños, sigo releyendo algunos capítulos cuando tengo un rato suelto y no quiero meterme en una nueva lectura. Mentiría si dijera que me emociono como la primera vez, pero ahora, que han pasado los años y he ido cambiando, disfruto de cosas que antes no era capaz de captar: la genialidad de Ende al meter la historia dentro de la historia, el libro que está en ambos mundos y los conecta, la dualidad entre la Emperatriz Infantil y el Viejo de la Montaña Errante, el tributo mismo a la propia escritura y a los autores... Creo que podría tirarme horas escribiendo sobre lo que La historia interminable significa para mí y lo que me ha aportado durante estos años, pero creo que la fundamental se puede resumir con una frase de la propia novela: «Toda historia es una Historia Interminable. Hay muchas puertas para ir a Fantasia, muchacho. Y hay todavía más libros mágicos. Muchos no se dan cuenta. Todo depende de quién coge uno de esos libros

A modo de despedida, y para terminar esta entrada, sólo me queda daros la bienvenida al blog. Espero que disfrutéis con las entradas y que comentéis todo aquello que os parezca interesante.